jueves, 6 de febrero de 2014



   FARROW CONTRA ALLEN




Vaya follón se ha vuelto a montar a raíz de la carta que Dylan Farrow, la hija adoptiva de Mia Farrow y Woody Allen, ha enviado a The New York Times hablando de los supuestos abusos sexuales que le infligió su padre cuando ella era una niña. Digo “se ha vuelto a montar” porque el escándalo en sí se produjo hace casi 20 años, cuando Mia descubrió la relación de Woody, su pareja, con la hija que ella y André Previn habían adoptado, y pocos meses después acusó a Woody de abusar sexualmente de Dylan. Hubo una investigación judicial exhaustiva,  seguida día a día por todos los medios de comunicación planetarios, que terminó con el archivo de la causa por parte del juez. Los médicos determinaron que no había habido abuso, y el juez consideró que las versiones de la madre y de la niña eran inconsistentes. Woody nunca fue acusado, se casó con Soon-Yi en 1997, y en el lapso de los dos años siguientes, adoptaron a sus dos hijas, Bechet y Manzie, cuando contaban con pocos meses de edad.
El mismo año en que Woody y Soon-Yi se casaron románticamente en Venecia y pasearon su amor por París, Mia publicó sus memorias, “What Falls Away”, un libro estupendo hasta que te das de bruces con el relato minucioso de la supuesta perversión de Woody Allen. Lo que Dylan ha dicho ahora en su carta sigue, al pie de la letra, lo que su madre escribió entonces. Creo que Mia hasta hablaba del trenecito eléctrico, la imagen más poderosa que nos ha quedado de todo el relato de Dylan. Lo digo porque, cuando se publicó, yo me compré el libro y lo leí. Ahora lo he buscado en mi biblioteca y no lo he encontrado; en los últimos años he sucumbido a unos cuantos impulsos de dejar libros prescindibles en el parque de delante de casa, para que los disfruten los estudiantes de una facultad cercana. Una vez la Guardia Urbana me quiso multar porque “con los libros se pueden hacer barricadas”. Pero eso es otra historia.
Leí el libro, y la conclusión que saqué fue que, si todo lo que se decía allí hubiera sido verdad, de ninguna de las maneras Woody habría podido escapar de las garras de los jueces, habría pasado el resto de su vida enchironado, y Mia le habría sacado las entrañas en forma de cientos de millones de dólares. Y mi convicción de la inocencia de Woody Allen se confirmó cuando, en los dos años siguientes, él y Soon-Yi adoptaron a sus dos hijas. ¿Alguien puede creer que los responsables judiciales de estas adopciones, que sin duda estarían al corriente del escándalo Woody-Mia-Soon-Yi-Dylan, habrían entregado a dos criaturas de meses a tan perversa pareja, de haber tenido la más mínima sospecha sobre el comportamiento de él? Yo, por supuesto que no.
Los azares de la vida propiciaron, una década después de todo esto, que entablara una relación de amistad con los Allen.  Son afables e inteligentes,  se llevan estupendamente, adoran a sus hijas y ellas a ellos, aunque ahora ya son adolescentes y están en “esa edad” en que creen que los padres no saben nada y son unos pesados. Nunca hemos hablado abiertamente de lo que ocurrió con Mia Farrow y con Dylan, aunque Soon-Yi sí me ha hablado de su madre, y no muy bien, por cierto. Por eso, al reactivarse el escándalo, he estado en contacto con ellos. Siguen manteniendo lo mismo: que Mia es una mujer amargada y rencorosa que ha manipulado a sus hijos y que, al no conseguir hundir a Woody hace 20 años, con un proceso judicial primero y un libro mentiroso después, lo está intentando de nuevo, en vista de los numerosos reconocimientos públicos y privados que el director está acumulando en los últimos años (diversos Oscars, Globos de Oro y Bafta, aclamación de la crítica y del público). El pistoletazo de salida lo dio Ronan, el único hijo biológico de Mia y Woody (aunque ahora ella insinúa que el padre es Frank Sinatra), que hace unas semanas, después de la concesión de un Globo de Oro a toda la carrera cinematográfica de Woody Allen, recordó en un tuit envenado que ese hombre había molestado sexualmente a su hermana. Y ahora, la carta de Dylan.
 Los Allen están disgustados, por supuesto, y dicen que lo que más les ha dolido ha sido el tratamiento que, de nuevo, ha hecho la prensa de este tema, y sobre todo, que “una madre rencorosa y vengativa” haya destrozado la vida de Dylan. Menos mal que otro de los vástagos, Moses Farrow, que también fue adoptado por Woody Allen, ha salido en su defensa diciendo que las acusaciones son falsas y fruto de las maquinaciones de su madre.
¿Porqué la prensa de todo el mundo se ha abonado de manera tan espectacular a difundir y a dar crédito a las acusaciones de Ronan y de Dylan? Es lógico que se publicaran las noticias de la carta de la joven y del tuit de su hermano, no en vano Woody Allen es una figura reconocida a nivel mundial. Pero me ha asombrado que en muchos de los artículos, informativos o de opinión, se ha condenado al director otorgando veracidad a unos hechos que nunca fueron probados. Mi teoría es que a Woody Allen ya se le condenó moralmente hace muchos años a raíz de su relación con Soon-Yi, que no era, como se ha dicho hasta la saciedad, su hija adoptiva, sino la de su pareja, con la cual no convivió jamás. Soon-Yi, que ya era mayor de edad cuando empezó la relación y estaba en la universidad, no convivió con Woody, por el simple hecho de que Woody y Mia nunca compartieron casa. El director no podía vivir en una casa con más de una decena de niños; vivían cada uno en su apartamento, a cada lado de Central Park, y Woody acudía a regañadientes a la casa de Connecticut, donde supuestamente se produjeron los diabólicos hechos, ya que, como bien explica Mia en su libro, odiaba el campo y los insectos. Mia y él compartieron a lo largo de los años cama, trabajo, viajes y amigos. La relación de Woody con los niños era escasa, excepto con Dylan y Moses, a los que adoptó. Cuando conoces cómo se desarrollaron los hechos, el nivel de censura por la relación entre Woody y Soon-yi, qye ya hace 20 años que dura, no puede ser tan desmesurado. La mayoría de la gente le perdonó a Woody su “falta”, como cuando uno perdona al amigo que, después de separarse de su mujer, se casa con la hermana de ésta, o con su cuñada. Yo tengo un amigo que se juntó con una mujer separada, la dejó, se aparejó con la hija de ella, tuvieron un hijo, y todos ellos viven en la misma casa, felices y contentos. En todas las salidas nocturnas y diurnas con los Allen a lo largo de los años jamás he visto ningún gesto de rechazo hacia ellos, sino todo lo contrario. Sólo una vez, cuando en un círculo de amigos míos en Nueva York salió a colación mi relación con ellos, una mujer joven se levantó indignada y le llamó depravado. Luego me dijeron que era del Tea Party.
                 El representante de Woody dijo que éste responderá muy pronto. Seguramente lo hará en The New York Times. Pero para ir calentando motores, léanse el artículo quepublicó en la revista The Onion pocos días después del famoso tuit de Ronan Farrow. A pesar de que su tono no me parece del todo adecuado, debido seguramente a un cabreo monumental, en el fondo tiene toda la razón. La solución a si es un hombre inteligente y divertido, autor de varias películas emblemáticas de la historia del cine, reconocido en todo el mundo por su talento y por su sabiduría; o un pedófilo depravado violador de niñas, depende exclusivamente de cada uno de nosotros.



lunes, 12 de agosto de 2013

ASÍ CONOCÍ A ORIOL MASPONS


ASÍ CONOCÍ A ORIOL MASPONS

Debía ser en 1982. Yo tenía 22 años. No era una súper belleza, pero, al parecer, tenía cierto atractivo. Vivía en la plaza Adriano. Hacía muy poco que había acabado la carrera, y como premio me habían regalado una moto, una Impala. La moto me venía un poco grande. No era una moto que estuviera de moda: los que la comprábamos éramos, por lo general, gente rara. 

Aquella tarde de verano bajaba la calle Balmes con la Impala, rumbo a lo desconocido. ¿Qué veían los que me rodeaban? Una chica joven, vestida con una especie de camisón rosa pálido comprado en cualquier antro de segunda mano, pilotando una Impala Balmes abajo, tocada con un casco supersónico de color dorado con estrellas plateadas. Por aquel entonces el casco no era obligatorio. Pasarían años hasta que alguien decidiera que había que proteger los cráneos de los motoristas y lo impusiera por ley. Pero, como ya he dicho, yo era algo rara. Y me tiraba el gen alemán, seguro. Un día, paseando por los Encantes con aquel novio dibujante que tenía, vi un casco estrellado y lo compré. Lo compré y me lo puse. Creo que fui de las primeras personas de Barcelona en utilizar casco circulando en moto por la ciudad.

Bajaba por la calle Balmes y me pareció que un coche me seguía. Si no me seguía, hacía todo lo posible por situarse a mi lado constantemente. Era un coche pequeño, y lo conducía un señor, que en cada parada me sonreía. Llegué a mi destino, y resultó que aquel señor también se dirigía allí. Al poco de llegar, entablamos conversación. Él entró así, con la directa, confesando que me había seguido Balmes abajo. Habló de que mi “look” (aunque entonces no existiera término parecido) le había fascinado y que por eso me había seguido. Indagó sobre cómo, cuándo y porqué. A mí me picó la curiosidad, aunque en mi horizonte veinteañero no figuraban los tipos de 55 o más, por más simpáticos, calvorotas o enrollados que fueran. Sea como fuere, la verdad es que congeniamos y él me invitó a visitar su estudio. 

Mi recuerdo de aquella cita es que el estudio estaba en algún lugar del barrio de Gracia. Recuerdo también a sus dos perritos, que iban con él a todas partes. No me retrató, porque yo era muy díscola y tampoco sabía muy bien quién era él, pero sí que me enseñó un increíble archivo de negativos y de diapositivas, en el cual trabajaba cada día, según me dijo. Decía haber retratado una cierta realidad de los 35 años anteriores. A las pruebas me remito.


Después de aquello nos vimos en diversas ocasiones. Y siempre me pareció un tío cachondo, afable, inteligente y divertido. Oriol, guapo, descansa. Me alegro de lo bien que lo pasaste y de lo que llegaste a disfrutar.

ASI CONOCÍ A ORIOL MASPONS





Debía ser en 1982. Yo tenía 22 años. No era una súper belleza, pero, al parecer, tenía cierto atractivo. Vivía en la plaza Adriano. Hacía muy poco que había acabado la carrera, y como premio me habían regalado una moto, una Impala. La moto me venía un poco grande. No era una moto que estuviera de moda: los que la comprábamos éramos, por lo general, gente rara. 

Aquella tarde de verano bajaba la calle Balmes con la Impala, rumbo a lo desconocido. ¿Qué veían los que me rodeaban? Una chica joven, vestida con una especie de camisón rosa pálido comprado en cualquier antro de segunda mano, pilotando una Impala Balmes abajo, tocada con un casco supersónico de color dorado con estrellas plateadas. Por aquel entonces el casco no era obligatorio. Pasarían años hasta que alguien decidiera que había que proteger los cráneos de los motoristas y lo impusiera por ley. Pero, como ya he dicho, yo era algo rara. Y me tiraba el gen alemán, seguro. Un día, paseando por los Encantes con aquel novio dibujante que tenía, vi un casco estrellado y lo compré. Lo compré y me lo puse. Creo que fui de las primeras personas de Barcelona en utilizar casco circulando en moto por la ciudad.

Bajaba por la calle Balmes y me pareció que un coche me seguía. Si no me seguía, hacía todo lo posible por situarse a mi lado constantemente. Era un coche pequeño, y lo conducía un señor, que en cada parada me sonreía. Llegué a mi destino, y resultó que aquel señor también se dirigía allí. Al poco de llegar, entablamos conversación. Él entró así, con la directa, confesando que me había seguido Balmes abajo. Habló de que mi “look” (aunque entonces no existiera término parecido) le había fascinado y que por eso me había seguido. Indagó sobre cómo, cuándo y porqué. A mí me picó la curiosidad, aunque en mi horizonte veinteañero no figuraban los tipos de 55 o más, por más simpáticos, calvorotas o enrollados que fueran. Sea como fuera, la verdad es que congeniamos y él me invitó a visitar su estudio. 

Mi recuerdo de aquella cita es que el estudio estaba en algún lugar del barrio de Gracia. Recuerdo también a sus dos perritos, que iban con él a todas partes. No me retrató, porque yo era muy díscola y tampoco sabía muy bien quién era él, pero sí que me enseñó un increíble archivo de negativos y de diapositivas, en el cual trabajaba cada día, según me dijo. Decía haber retratado una cierta realidad de los 35 años anteriores. A las pruebas me remito.

Después de aquello nos vimos en diversas ocasiones. Y siempre me pareció un tío cachondo, afable, inteligente y divertido. Oriol, guapo, descansa. Me alegro de lo bien que lo pasaste y de lo que llegaste a disfrutar.

martes, 16 de julio de 2013

LAS NOTICIAS




Siempre me ha gustado comer mirando las noticias en la tele. Te sirves la comida, te sientas a la mesa, enciendes el televisor, y te enteras de lo que ha dado de sí la jornada. Desde hace unos cuantos meses, por circunstancias diversas, comparto este momento, al mediodía, con mi hijo pequeño, que tiene 20 años. Solemos hablar de  la actualidad, comentamos las noticias, opinamos sobre si esto o aquello nos parece bien o mal, discutimos acerca de quién tiene, o no, razón sobre este o aquel asunto. Son comidas animadas, a veces hay discusiones acaloradas (interrumpidas, eso sí, por la constante interferencia de whatsapps, mails, mensajes de facebook y otras mandangas que nos llegan a nuestros múltiples dispositivos móviles.) que en ocasiones se prolongan durante la sobremesa. Lógicamente, mi hijo tiene opiniones que a menudo difieren de las mías, aunque me sorprende, en realidad, la cantidad de veces en que podemos estar de acuerdo a la hora de enjuiciar los hechos que escupe la pantalla. Siempre, en estos casos, me alegra íntimamente comprobar que este acuerdo se debe, probablemente, al empeño y esfuerzo que tanto mi pareja como yo hemos llevado a cabo durante años para transmitir a nuestros hijos una serie de valores  que consideramos importantes, como son el respeto hacia los demás, la nobleza y la honestidad, el valor del esfuerzo, el deber de desenmascarar la falsedad, y el de ayudar a las personas que, en inferioridad de condiciones, lo necesiten…podría enumerar muchísimos más, pero al fin y al cabo todo se reduce a un principio muy simple: ser honesto contigo mismo y con los demás, en cualquier circunstancia.

Pues bien, hoy, por primera vez en mucho tiempo, nuestra comida frente al televisor ha estado envuelta de silencio. 
Caso Bárcenas. Lo peor de lo peor sale a la luz, pero todo indica que nadie va a pagar por ello. El mayor chorizo del reino, ahora defendido por un ex juez expulsado de la carrera judicial por prevaricación (dictar una resolución a sabiendas de que es injusta), pone en marcha el ventilador pero no aporta ninguna prueba, con lo cual es imposible condenar a nadie (y eso es lo que va a pasar).

 Caso Palau. El juez considera que Convergència Democràtica de Catalunya se lucró ilegalmente con 5 millones de euros provenientes de los tejemanejes entre Millet y Ferrovial, la empresa que también tiene un papel relevante en el caso Bárcenas y que construyó la autovía de Manresa, una obra cuestionada desde que se inauguró. El juez del caso Palau cita también a diversos políticos relevantes de la política catalana, y denuncia la complicidad de unas cuantas entidades financieras a la hora de entorpecer la investigación judicial. Millet y Montull, lejos de estar entre rejas aun habiendo robado (presuntamente) millones, siguen en casa gozando del aire acondicionado, único paliativo ante el calor que nos asola. 

Caso Urdangarín: el duque ha declarado  ante el juez que su socio Diego Torres, con quien presuntamente se ha agenciado de unos cuantos milloncejos de dinero público, ha mancillado su derecho al honor. A eso se le llama desviar la atención. 

Caso Blesa: el CGPJ propone suspender y multar al juez del caso Blesa, Elpidio José Silva. Qué pena que a este chorizo, el Sr. Blesa, le tocase un juez poco diligente. 

Y la historia sigue, y sigue, y sigue. Caso Caixa Catalunya: el exministro de Defensa y vicepresidente del gobierno con Felipe Gonález, Narcís Serra, ha dicho hoy en el Parlament, arropado por una corte de diputados socialistas, que él ns/nc de nada de nada, y que quien quiera saber, que busque en el diccionario el término “crisis”. Con un par.

Y para rematar: la OCDE augura una tasa de paro del 27,8% a finales del 2014 en España. Más de la mitad de este porcentaje corresponderá al paro juvenil. Desolador.

La comida, con el runrún de las noticias de fondo, se ha desarrollado en silencio. Ni mi hijo ni yo hemos sabido qué decir. A mí me parecía que todo lo que le había intentado inculcar durante sus primeros 20 años de vida no tenía demasiado sentido, visto lo visto. Y él, vete a saber qué pensaba. Seguramente, que sus progenitores son un par de jurásicos con buenas intenciones, y nada más. ¡Pero me resisto, me resisto a aceptarlo!


sábado, 13 de julio de 2013

LA SEMANA

La semana ha sido de lo más variopinta. El lunes alargué el asueto del fin de semana y, por la patilla, me regalé otro día de mar. Pero a última hora conseguí, milagrosamente, una entrada para el concierto de Sixto Rodríguez en Barcelona y tuve que abandonar precipitadamente mi refugio y conducir como una loca por la autopista para llegar a tiempo a mi destino. Me encanta ir sola a los sitios; me gusta mucho compartir las cosas con los amigos, pero no me importa nada si en determinadas ocasiones me toca lidiar conmigo misma y gozar de cualquier experiencia rodeada de desconocidos. Eso es lo que esperaba. Pues qué va